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Diócesis de Osma-Soria

Carta del Obispo

JESÚS, LUZ PARA EL MUNDO

Enero de 2022

El próximo  domingo 16 de enero, celebraré  Dm, la Jornada de Infancia Misionera en la parroquia de El Salvador de Soria.  Una jornada muy entrañable, porque a través de ella, son los propios niños los que se convierten en protagonistas: niños ayudando a otros niños. Se trata de una Obra del Papa, por medio de la cual, los niños conocen, valoran, apoyan y rezan por la labor que los misioneros realizan en tierras de misión, con el fin de que los  niños que viven allí, puedan tener acceso a la fe, a la educación y a la salud.

Obras Misionales Pontificias (OMP) es una Institución de la Santa Sede que se dedica a la búsqueda de los medios materiales necesarios para ayudar a la actividad misionera de la propia Iglesia. Uno de los apartados de OMP se encarga de Infancia Misionera por lo que, el dinero que se recauda en todo el mundo en esta Jornada, va a parar a un mismo Fondo Universal de Solidaridad, que se distribuye y reparte en distintos proyectos infantiles en todas aquellas diócesis que son consideradas como tierra de Misión.

Puede parecer muy simple, pero con la ayuda económica del pasado año se pudieron financiar 335 proyectos directamente destinados a cosas tan esenciales como: recibir catequesis, aprender sobre la vocación misionera, tener acceso a medicinas y a personal sanitario o algo tan elemental como puede ser tener un hogar donde vivir. Sin duda, es algo que merece la pena. Desde mi propia experiencia, cuando estuve en la  Misión de Ngambe-Tikar (Camerún), pude comprobar en primera persona cuánto bien se hace y qué necesaria es toda la ayuda que se envía a las misiones. Los misioneros son capaces de multiplicar las ayudas recibidas. Seamos generosos.

Este año, el lema de la campaña de Infancia Misionera es “Luz para el mundo” en clara referencia a una persona: Jesús de Nazaret. Más exactamente se refiere al pasaje bíblico en el que José y María cumplieron el ritual judío de la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén y que será narrado por el Evangelista Lucas (Lc 2, 22-40). En ese momento, María y José llevaron a Jesús al Templo y según la costumbre ofrecieron dos tórtolas. Allí estaba Simeón, hombre con fama de ser justo. Al verlos, actuó sin duda, movido por el propio Espíritu Santo que fue el que le animó a tomar en brazos al mismísimo Dios hecho niño, y le bendijo, y le llevó a reconocerle como la “luz para alumbrar al mundo”. María, es la madre que ha presentado esa luz ante todos los pueblos, sin excluir a nadie: Jesús es la Luz del mundo.

Acabamos de celebrar el nacimiento de Jesús.  La Encarnación significa que el Verbo se ha hecho carne para ser nuestro salvador. Más tarde, la Epifanía ha añadido otra dimensión muy importante para nuestra fe: que Dios se ha hecho hombre para traer la salvación a todos los pueblos sin distinción. La Salvación de Dios es universal, no es para unos pocos. Es para todos: pastores y Magos, es decir, pobres y ricos, judíos y gentiles… No olvidemos que los Magos llegaron a Él siguiendo una estrella, que es la que indica dónde radica auténticamente la salvación: en la inocencia de un Dios que, hecho Niño, ha traído la salvación al mundo.

Ese Dios encarnado en Jesús, ha querido distribuir su gracia, dar respuestas a nuestras preguntas. De este modo, el día de nuestro bautismo, hemos dejado de ser hijos de las tinieblas para ser hijos de la Luz, ya que es Él el que ilumina nuestra vida: sabemos de dónde venimos y a dónde vamos, que Dios nos quiere y nos perdona y sabemos, además, que su única voluntad, es la de salvarnos. Con estas certezas, nuestra vida se llena de Luz. Por eso, está en nosotros el cuidar y el mantener viva esa Luz que se nos ha regalado, rechazando todo aquello que nos sume en la oscuridad.

Queridos diocesanos, los que hemos recibido la Luz que es Cristo, tenemos una responsabilidad muy grande: hacer que esa luz llegue a todos aquellos que aún viven en tinieblas, porque todavía nadie les ha anunciado a Jesús. Porque Cristo es luz para todos.  Todas las personas tienen el derecho de ser iluminados por la luz del Evangelio, de ahí que en este día de la Infancia Misionera se nos pida que compartamos la Luz de la que, ya nosotros, tenemos la gracia de disfrutar. La misión y nuestra sociedad cada vez más secularizada son una prueba de la enorme cantidad de personas necesitadas de la Luz de Cristo.

Jesús es la Luz sin ocaso. Él es el sol que resplandece. Por eso, acompañados de María, Estrella de la Evangelización, propongámonos no separarnos nunca de la Luz y que seamos pues, capaces de darla a aquellos que aún no conocen a Jesucristo, Luz para el mundo.

Con mi estima y bendición,



† Abilio Martínez Varea
Obispo de Osma-Soria